¿Cómo es el Proceso Vocacional para ser Bethlemita?
La responsabilidad de mantener, acrecentar y perpetuar en la historia el legado de misericordia que nos dejaron nuestros santos fundadores se convierte ahora en la motivación principal para hacer de las nuevas generaciones el “terreno” propicio para que la semilla que Dios ha sembrado en ellas brote y de los frutos que están destinadas a dar dentro del plan de Salvación, en el fortalecimiento y vitalidad de nuestro amado Instituto.
Si una joven tiene inquietud vocacional, siente en su interior que quiere ser Bethlemita, recibirá el acompañamiento para descubrir si este es su camino. Lo primero es ponerse en contacto con las hermanas y manifestar sus preguntas e intereses. Después, iniciará un proceso de acompañamiento mientras sigue su vida cotidiana (desde su casa, en su estudio o trabajo). Si después de este tiempo la joven decide ingresar a la comunidad, realizará en Bogotá tres meses de aspirantado y así iniciará de una manera más intensa su proceso de formación en el postulantado. A continuación, la descripción que una maestra hace sobre esta etapa:
“Hablar del postulantado, es recordar las esperanzas e ilusiones que nuestra Madre Encarnación tuvo en las jóvenes formandas, su amor por el Instituto hizo que toda su atención se volcara sobre la formación de quienes iban a continuar en la historia la empresa iniciada por nuestro Padre Pedro, no dudó ni un momento en formar a las jóvenes para el ideal de vida religiosa con el que siempre soñó, ideal que se ha hecho realidad hasta nuestros días gracias a la fidelidad de nuestras hermanas Bethlemitas que de generación en generación nos han ido transmitiendo la fuerza y vitalidad de nuestro Carisma y Espiritualidad
Las casas de formación se convierten en el vientre materno que gestan las futuras Bethlemitas y cada vez que una joven profesa se convierte en esperanza de vitalidad, se da a luz un nuevo ser que sigue necesitando del apoyo y acompañamiento de sus hermanas mayores para que de nosotras aprendan el arte de vivir en comunidad, de caminar unidas hacia el Señor y de hablar en su nombre, de ahí que todas nos convertimos en “madres, maestras y hermanas” de lo cual Dios nos pedirá cuentas, porque si nos da vocaciones es porque cree que podemos hacer de ellas, hermanas felices que caminan a nuestro lado.
Dios es quien va haciendo su obra, Él, el gran Ingeniero, tiene un proyecto especial para cada joven, la formadora se convierte en un obrero, que siguiendo las indicaciones del “Ingeniero” debe conocer el terreno para iniciar con los cimientos en los que se apoye el resto de la construcción; que asegurará el fortalecimiento de nuestro Instituto.
Todo este proceso se lleva a cabo durante un corto período que debe ir moldeando a la joven para hacerla apta para esta opción de vida.
“El objetivo del postulantado es lograr que la joven, a partir de un conocimiento personal y de una toma de conciencia del compromiso bautismal, descubra si es apta para el Instituto y si encuentra en el mismo, el camino para realizar la intención que la mueva a consagrarse al Señor.” Const. Nº 99
Para lograr este objetivo, las postulantes trabajan especialmente en cinco áreas de formación: Área de formación Humana y fraterna, área de formación cultural y profesional, área de formación espiritual, área de formación comunitaria y apostólica, área de formación carismática. Estos son los cinco pilares en los que se desarrolla todo el proceso de crecimiento humano, cristiano, vocacional y personal de la joven.
La organización del postulantado está diseñada precisamente para el trabajo y desarrollo de cada una de estas áreas. Dando el espacio adecuado para las distintas actividades propias de esta primera etapa de formación como es el acompañamiento espiritual que la maestra realiza personalmente con cada postulante, la celebración eucarística diaria; los encuentros comunitarios de oración; en laúdes, visita al Santísimo, vísperas, oración personal y comunitaria. Tiempo para la recreación, para la lectura comunitaria, lectura espiritual, cultural y humana.
Dentro del horario diario está estipulado el tiempo para la Lectio divina, el examen de conciencia y la evaluación del grupo cada ocho días; todos estos espacios van creando en ellas el hábito de mantenerse en continua confrontación con la Palabra, además que las ayuda a organizar y aprovechar su tiempo manejando el equilibrio entre la oración y las distintas actividades que deben realizar.
También recibimos ayuda externa de sacerdotes y laicos que contribuyen a esta formación, como aspectos de la sicología sobre manejo de la afectividad. Con otros sacerdotes ven materias como Sacramentos, Introducción al Antiguo Testamento, Cristología, Mariología e Historia de la Salvación. Además de estas materias también ensayan cantos y aprenden las primeras nociones para tocar guitarra.
Toda esta dinámica de formación va acompañada por la maestra que orienta, estimula y vive en función de cada una de las jóvenes, atendiendo su proceso personal y comunitario; tal acompañamiento se hace posible en la medida en que se deje obrar a Dios, pues Él es el Arquitecto.
Para que sea posible todo este proceso de formación es necesario crear un ambiente favorable de familiaridad, confianza y espontaneidad donde cada joven pueda expresarse tal como es, y así, poco a poco aprendan a asumir el propio papel de edificar comunidad.
El postulantado se hace más favorable cuando la etapa de selección se realiza durante la pastoral vocacional, ya que no es tarea propia de esta etapa de formación solucionar problemas que pueden ser detectados y tratados durante el acompañamiento vocacional. Esto no implica que dentro del postulantado se presenten casos especiales que se le deban dar la atención necesaria; pero cuando la joven ha sido bien orientada se puede realizar con ella el fin para el cual está hecho el postulantado.
El que una postulante se quede o regrese a su familia depende del proceso que cada joven viva y asuma; no siempre todas las que llegan son las que deben estar y ante todo hay una gran responsabilidad frente a Dios, frente a la Congregación y frente a la misma joven porque esta en juego su propia felicidad y el bienestar de nuestro Instituto.
El postulantado es y seguirá siendo la casa donde llegan jóvenes cargadas de ilusiones, sueños e ideales de solidaridad, donde traen “los residuos” del mundo en el que viven para ser transformados en tierra abonada donde pueda florecer la semilla vocacional que Dios pone en cada una de ellas y puedan dar frutos de vida la nuestra Congregación.
Caminar con cada joven es palpar cómo Dios va haciendo su obra, es caminar, caer y levantarse paso a paso, sin perder las esperanzas y creyendo ciegamente en sus palabras, es entrar a pie descalzo en el corazón que quiere buscar y encontrar la presencia de Dios.
Cada una de ellas es signo de vida y esperanza … como lo son nuestras junioras quienes revelan en su mirada la alegría que les hemos causado o el dolor que poco a poco va opacando el brillo de sus ojos. En las jóvenes religiosa que tenemos hoy, veo proyectadas las postulantes que con alegría e ilusión vienen a tocar nuestras puertas para compartir la alegría de ser Bethlemitas. No permitamos jamás que ninguna de ellas pierda la ilusión con la que llegó.
¿Y la maestra?
“Yo no tengo más oficio que remendar corazones, cerrar la sangrienta herida que está manando dolor aunque la mía entre tanto, mientras curo las ajenas, se vaya abriendo a jirones como el botón de una flor”
(P. Antonio Calle. S. J)
La maestra es un simple instrumento en las manos de Dios, es un obrero que tiene que tener su mirada puesta en el Creador; es solo una hermana mayor en la fe que ayuda a su hermana menor a crecer en esta misma fe para caminar juntas hacia el Padre cumpliendo en todo su querer. Ella también recibe continua formación: se actualiza y renueva gracias a las reuniones y cursos que el Instituto le ofrece y hace otros estudios en centros y universidades con el fin de tener más herramientas para la misión”.
– (Hermana Natalia Duque Zapata) –